20 mar. 2013

¿La música es realmente un sueño?

Había un joven, el cual tenía un sueño y era que quería vivir de lo que más le gustaba hacer, la música.
Decidió poner manos a la obra e intentarlo, contacto con amigos y desconocidos hasta que reunió a la gente que necesitaba para formar una banda.
Comenzaron a trabajar componiendo temas y se les presento el primer problema, necesitaban un local de ensayo, contemplaron los gastos y decidieron seguir adelante, tras mucho tiempo de ensayos, cuando tenían repertorio suficiente, pensaron en grabar un disco para dar a conocer su trabajo y comenzar a generar ingresos.
Llamaron a infinidad de puertas de distinta compañías discográficas obteniendo un no por respuesta, desesperados decidieron hacerse cargo de los gastos de la producción del disco y sacarlo a la calle, el problema era que hasta el momento no habían generado ningún ingreso a la cuenta de la banda, por lo que recurrieron a familiares y amigos para sufragar dichos gastos.
Grabaron su primer disco, estaban orgullosos de lo que habían conseguido, hasta que se les presento otro problema, ese disco había que distribuirlo para que llegara al público, pero no había dinero para contratar una distribuidora, así que confiaron en que lo podían hacer ellos mismos, a través de las redes sociales, el boca a boca y sus propios conciertos.
En uno de sus mútiples ensayos comentaron la posibilidad de comenzar a dar conciertos y empezar a ganar dinero.
Contactaron con una sala para tocar, les informaron de las condiciones de la misma, el alquiler de la sala salía por 400 euros y la taquilla íntegra sería para la banda, estuvieron barajando la posibilidad de contratar una oficina de management para que negociara las condiciones de la sala, etc, pero les cobraban el 20% de los beneficios, así que optaron nuevamente por negociarlo ellos mismos y ocuparse de todo.
Aceptaron las condiciones de la sala, sin haber caído en la cuenta  de que la sala se encontraba a 300 kilómetros de donde residían, por lo que debían alquilar una furgoneta para llevar los instrumentos y viajar los propios músicos, a eso tuvieron que añadir el gasto de gasoil y hospedaje. Para ahorrarse algo de dinero, optaron por llevarse comida de casa.
Aunque todo pintaba bastante mal, estaban muy ilusionados, era su primer concierto.
Cuando llegaron a la sala hicieron la prueba de sonido, tras esta, se les acercó un hombre identificandose como personal de SGAE y les informó que tenían que firmar un documento en el que tendrían que poner los títulos de los temas que iban a tocar para pagar autores.
Cada vez se ponía todo más negro, pero nada comparado cuando apareció otro hombre y les comentó que era inspector de trabajo y que necesitaba ver la documentación en la que figuran todos los músicos dados de alta en la Seguridad Social y que de los beneficios del concierto deberían pagar a Hacienda el 21% de IRPF. Consiguieron convencer al inspector alegando que dicha documentación no la llevaban encima y que la presentarían posteriormente en el lugar que procediera.
Llegó la hora del concierto y cual fué la sorpresa de la banda cuando, incluso después de haber hecho infinidad de promoción del concierto en distintas redes sociales e incluso pegadas de carteles (con el consiguiente gasto), en la sala no había más de 70 personas y el precio de la entrada era de 10 euros.
El joven despertó angustiado y se dió cuenta de que su sueño, era precisamente eso, un sueño.

APOYA LA MÚSICA.         

  

3 comentarios:

  1. Pero ellos habían hecho o que deseado pena no era como su sueño.

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  2. Me estoy informando acerca de blogs en español y he llegado aquí casi sin saber como, pero me identifico con este texto. Tengo conocidos que están viviendo este "sueño", aunque más bien y por mucha ilusión que tengan, se torna en pesadilla.

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